Reseña: “El Ámbito del Orientalismo. IV: Crisis” de E.Said y “Sobre las buenas costumbres de los otros” de T.Todorov.

Fichas técnicas:

Título: “Sobre las buenas costumbres de los otros» en «Nosotros y los otros»

Autor: Todorov, Tzvetan
Editorial: Siglo XXI
ISBN: ISBN 9788432314377
Páginas: p. 305-323
Año de publicación: 1991

Título: “El ámbito del orientalismo: IV. Crisis»
en «Orientalismo»

Autor: Said, Edward W.
Editorial: EUMO
ISBN: ISBN 847602214X
Páginas: p. 96-117
Año de publicación: 1978

En la presente reseña expondré las ideas principales de los textos, aquellas que comparten los autores, aquellas en las que divergen; y haré finalmente, una valoración conjunta de ambos textos donde expondré mis impresiones.

En el capítulo «Sobre las buenas costumbres de los otros» (1989), Tzvetan Todorov, estudia y plantea la relación entre «nosotros» y «lo otro», a partir de las percepciones construidas del «yo» y del «nosotros» (como centro) que se pueden encontrar en la producción literaria. Para ello, analiza a varios autores: Homero, Cristóbal Colón, Americo Vespucio, André de Thevet, Jean de Léry, Michel de Montaigne y se centra especialmente en las obras del Barón de Lahontan y Jean-Jacques Rousseau.

Una de las ideas principales que introduce el autor es la de «exotismo», la cual contrapone con la idea de nacionalismo: ambos extremos definen un país y una cultura a partir de la relación del que observa con lo observado. Así pues, Todorov se dedica a analizar este relativismo en el que se sustenta el exotismo, que considera atrapado en un juicio de valor (juicio que se basa en valorar al otro porque es distinto que yo). (Tordorov, 1991).

Es a partir de esta interpretación, que en la época de los viajes de descubrimiento del siglo XVI, nace la figura del buen salvaje como proyección de las imágenes de la edad de oro de Europa.

Todorov identifica que a partir de esta imagen se desata una reproducción de diversos retratos de los buenos salvajes en las obras literarias de la época, los cuales tienen una característica en común: son idealizados como una forma de ser humano más natural, debido a que se encuentran lejos de la codicia generada por el materialismo, y en consecuencia, son superiores a «nosotros».

Finaliza su exposición de ideas, dándole la vuelta a la interpretación hecha hasta ahora del mito del buen salvaje que aporta J.J. Rousseau, en tanto considera que él es más realista en sus valoraciones que los demás, ya que no idealiza al buen salvaje, sino que utiliza el concepto como guía para valorar hacia dónde debería dirigirse el futuro de occidente.

Por otro lado, en «El ámbito del orientalismo: IV. Crisis» (1978), E. Said, influenciado por su experiencia como palestino-estadounidense, desgrana en una línea muy foucaultiana, la relación entre poder y discurso, como base para entender el origen y las causas del sustento del concepto Orientalismo, entendido como una especie de proyección de Occidente sobre Oriente y su voluntad de gobernarlo. (Said, 1978).

En ese sentido, Said introduce la idea de «actitud textual», a través de la cual argumenta que el error básico que se comete al interpretar la realidad, es el de otorgar una autoridad esquemática a los textos antes que a los contactos humanos. De esta forma, el autor considera que el texto va ganando poder sobre la realidad que parece describir.

Said considera que este poder otorgado a los textos y el peso que fue ganando Europa según avanzaba el siglo XIX, influyeron en la aparición de una «hegemonía de las minorías poseedoras» (Said, 1978) junto a la intensificación de un antropocentrismo que se plasmó también sobre grandes descubrimientos filológicos, que influyeron en acrecentar la división entre Occidente y Oriente, sin cambiar la imagen que de éste se había creado.

Sin embargo, Said expone, que no es solo a través de la producción literaria que se potencia esta división, sino que también se refuerza a partir de toda una genealogía intelectual oficial del orientalismo que mantuvo las diferencias temporales y raciales de Oriente.

Por último, y para cerrar el conjunto de ideas, Said expone que estas divisiones suponen un distanciamiento humano que se encubre a través del conocimiento, distanciamiento que crece a medida que los intereses creados por Oriente también van en aumento. Por esta razón, considera que se ha creado una forma de conocimiento que sirve para manipular mejor el objetivo, motivo que explica la perdurabilidad del concepto Orientalismo hasta nuestros días.

En base a estas ideas principales, considero que existen confluencias y divergencias de ideas en los textos, entre las cuales cabe destacar:

Ambos autores plantean la preexistencia de ideas/prejuicios a la hora de producir literatura: Todorov considera que se parte de un juicio de valor que es relativo y que es producto de la ignorancia (con excepción de Thevet que no participa en la idealización del buen salvaje); y por otro lado, Said expone que existe un miedo hacia lo desconocido que condiciona la forma en que el observador se relaciona con lo observado, omitiendo su juicio de valor y otorgándole poder al texto/discurso.

Cabe destacar también, que en ambos textos, los autores detectan un cierto romanticismo en las obras literarias occidentales: En el caso del Orientalismo, este romanticismo va en detrimento a medida que los intereses de Occidente sobre Oriente crecen; y, en el caso de «el buen salvaje», el autor expone que Rousseau (máximo exponente del mito) no tiene intención de idealizarlo, sino de aprender de él (interpretación contraria a la que se había mantenido mayoritariamente).

En cuanto a las diferencias, considero que la principal corresponde al tratamiento que cada autor hace sobre «el otro». En este sentido, Todorov se centra en un ideal perseguido por los descubridores y viajeros que, desilusionados por el camino que va tomando el «mundo desarrollado», necesitan encontrar en lo exótico aquella «edad de oro» perdida, que era más pura y natural; mientras que Said, reconoce la necesidad de Occidente de autoafirmarse ante y a través del otro (Oriente) desde la superioridad intelectual, para así obtener más poder.

Impresiones:

Valorando personalmente el contenido global de los textos, considero que son un aporte indispensable para comprender el origen de muchas de las ideas que existen en el imaginario colectivo en cuanto a la conceptualización de «el otro» en nuestros días.

Creo que estas imágenes se encuentran presentes no solo en las obras literarias que dieron lugar a las delimitaciones entre «nosotros» y «lo otro», sino también en los medios de comunicación, en los espacios públicos, e incluso en los debates sobre la actualidad entre amigos/as, en los viajes que hacemos…

Ambos textos abarcan ingeniosamente el tratamiento del otro a través de un recorrido cronológicamente amplio (en este sentido he encontrado más rico el texto de Said) y se apoyan en obras que considero acertadas para las argumentaciones que defienden.

Se podría decir que el texto de Todorov me ha servido para comprender la necesidad, más bien emocional, que tiene el mundo occidental de encontrar ese “paraíso en la tierra” para escapar de la realidad; y el texto de Said ha ampliado la comprensión de la relación entre poder y discurso creada por Occidente.

Bibliografía:

SAID, Edward (1978). “El ámbito del orientalismo”: IV. Crisis». En: Orientalismo. p. 96-117. Ed: EUMO.

TODOROV, Tzvetan (1989). “Sobre las buenas costumbres de los otros». En: Nosotros y los otros. p. 305-323, Ed: Siglo XXI.

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