La dificultad para historiar el presente inmediato y el vínculo historia y memoria

En el presente ensayo abordaré las dos cuestiones que se desprenden del título: La relación entre historia y presente y la relación entre historia y memoria, exponiendo el origen, causas y características de su vinculación a partir de las lecturas trabajadas en la unidad; y concluiré con una reflexión personal centrada en pensar estas disyuntivas como puentes para imaginar un estudio interdisciplinar de la historia que resulte más inclusivo con las vinculaciones expuestas -y con otras posibles-.

En cuanto a la primera cuestión, es importante recuperar el momento en cual surgió el concepto Historia del tiempo presente y el camino previo que había recorrido esta disciplina hasta llegar a su expresión. Como se expone en el texto objeto de estudio, Introducción a la historia contemporánea, su origen se remonta a la década de los 80 tras una crisis de la disciplina de la Historia Contemporánea -que comprende el periodo 1914 y 1945, dependiendo del autor-. Ésta había sido desarrollada por historiadores nacidos en la primera década del siglo XX, significando por tanto, que habían sido testigos de los dos enfrentamientos bélicos que habían asolado el continente. El surgimiento devino en medio de una crisis de la disciplina y del enfrentamiento ideológico entre capitalistas y socialistas.

Así pues, con posterioridad, nace el concepto Historia del tiempo presente, en respuesta a la necesidad de alejarse de estos estudios más vinculados a los conflictos bélicos y con la intención de estudiar el presente como tiempo en construcción. En este sentido, la cultura jugará un papel central, ya que pasará a representar el escenario en donde mejor se resumen los fenómenos de interés del periodo.

A pesar de sus estimulantes intenciones, para muchos en la práctica, el estudio de la Historia Presente supone una dificultad manifiesta en la garantización de un análisis crítico y de objetividad -entendidos como características principales que garantiza la metodología científica de la Historia-, dado que existe una falta de perspectiva y de lejanía, se impide una detección correcta de la causalidad de los fenómenos y se dificulta la asimilación de la avalancha de información no jerarquizada. En este sentido, citando a Pierre Nora en “Introducción a la historia contemporánea”:

«La historia del presente no se define por una determinada cronología (dado que es dinámica), ni por un método específico, sino por un punto de vista propio que exige una actitud científica más abierta a la interdisciplinariedad y a la utilización de un amplio abanico de metodologías».

Me gustaría dejar la exposición del primer vínculo aquí, pasando a la exposición del segundo, relativo a Historia y Memoria: Nos encontramos ante una relación que siempre ha estado latente tras el estudio de la historia, no obstante, ésta se ha vuelto conflictiva en las últimas décadas ya que, aparentemente, «ha supuesto la revalorización del testimonio frente a la disciplina». Su protagonismo devino tras el redescubrimiento de los hechos traumáticos del pasado como el Holocausto. Aparece una especie de culto a la memoria de los «olvidados», aquellos que sufrieron el trauma en silencio. En palabras de Enzo Traverso, como se cita en el texto objeto de estudio:

«El auge de la memoria surge de la confluencia del éxito de la nueva historia cultural centrada en el sujeto; el lenguaje y la proliferación de políticas de identidad; y el uso posmoderno del pasado como fuente de fragmentos con la que se construye un presente según los intereses de cada cual».

En este sentido, aparecen diferentes colectivos que exigen a sus poderes legislativos una regulación concreta sobre el pasado que impulse desde la concreción de fechas conmemorativas, a la construcción de lugares de memoria, readecuación en la enseñanza, … Todo ello en aras de arrinconar la historia oficial, a la cual se le imputa una supuesta marginación de las víctimas.

Por lo tanto, la memoria histórica pasa a ser una necesidad creciente en reconocer el pasado traumático para resarcir y resignificar éticamente los sucesos. Un ejemplo claro serán Chile y Argentina, quienes desde los movimientos sociales y políticos se organizaron, en la década de los 80, en forma de Comisiones para exigir la búsqueda, reconocimiento y conmemoración de las personas desaparecidas durante los régimenes militares de las décadas de los 70 y 80.

Reflexión

Tras haber profundizado en el proceso que ha seguido la historia en esta etapa -desde la aparición de la Historia contemporánea a la Historia Presente y la Memoria Histórica -observo una evolución no casual de los intereses por los cuales cada una ha ido replanteando las bases y la dirección del foco de estudio.

Considero que la concatenación de las perspectivas encuentra su sentido en la ampliación de una consciencia moral y ética que surge a raíz de los fenómenos bélicos de 1914 a 1945. Es decir, existe una evolución no casual que responde, en cierta forma, a un sentido interno, según el cual una disciplina no hubiera aparecido sin la otra precedente. Concretamente: la aparición de la Historia Contemporánea explica la necesidad posterior de los historiadores por centrarse en estudiar el presente, en aras de abandonar los relatos bélicos e intentar construir un futuro diferente; hecho que provoca el redescubrimiento de esos traumas anteriores silenciados por la imposición de una historia enfocada a olvidar aquellos sucesos.

En este sentido, me parece interesante reflexionar sobre el papel de los conceptos «olvido» y «memoria» y me gustaría hacerlo a través del psicoanálisis y citando a L. Arias en Malestar en la civilización. Deseo de memoria:

«El individuo olvida como mecanismo propio de la represión inconsciente, y porque hay en el lenguaje una dimensión de real, de lo que no se puede nombrar. Si hay olvido es porque no se soporta algo que estuvo en el origen, una violencia inaugural, un acontecimiento traumático, un trauma que motiva el mito respecto del origen. En ese sentido, el lenguaje es una aproximación ya que contiene un punto de olvido. »

Por tanto, si entendemos que el olvido es una represión inconsciente que guarda un acontecimiento traumático -manifestación de la cual puede entenderse la aparición de la Historia del Presente-, es innegable que la historia juega un papel central para su “sanación”, como ya se reconoce en el módulo objeto de estudio, la historia vendría a cumplir una función catártica.

La resignificación de la narrativa histórica es crucialmente útil para establecer los principios y valores sobre los cuales se construye el futuro de una sociedad, ya que se procurará no repetir los errores del pasado -por haber sido sanado al fin-. Por ello creo que es muy útil el estudio de la Memoria Histórica, en tanto nos insta a repensar y reinterpretar los acontecimientos según la significación que se le atribuye al presente.

En ese sentido, los movimientos sociales que adquieren protagonismo en las sociedades, dependiendo de sus transformaciones, vienen a reflejar una necesidad inconsciente del colectivo de ahondar en una verdad no tomada en cuenta anteriormente -y no siempre por ser oculta de forma consciente, sino a veces por no haberse planteado nunca su interpretación-. Un ejemplo sería el resurgimiento actual de las teorías feministas dada la necesidad de entender el origen de la desigualdad: Vienen a poner el foco sobre varias disciplinas, entre ellas, la historia, por enmascarar una lectura antropocéntrica de la realidad en el pasado. De hecho, a parte de las historiadoras feministas, existen historiadores de nuesto tiempo que, atravesados por esta cuestión, enfocan su trabajo en releer la historia para rescatar las voces que han sido ignoradas al relatar el pasado. Es el caso del historiador Felipe Pigna en sus obras Mujeres insolentes de la historia (2018), Mujeres tenían que ser (2011).

Por lo tanto, existe una necesidad narrativa de volver al pasado para extraer de él una nueva manera de significar el presente, podríamos decir, una más consciente que permita incluir a los excluidos, generando así nuevas identidades -o quizá, simplemente reconociendo las ya existentes-. Como dirá Inés Mudrovcic en «Historia, narración y memoria» (2005):

«El imperativo moral contenido en la apelación a no olvidar es portador, de la exigencia de transformar las situaciones particulares mentadas en exampla, de los que se puede extraer una lección. El pasado se convierte, así, en una lección digna de ser transmitida a las generaciones futuras. Los grupos construyen de este modo sus identidades, mediante una selección activa de situaciones particulares que encarnar los valores que interesan transmitir».

Es muy útil, desde mi punto de vista, atravesar el proceso de resignificación para extraer una “lección moral” y generar nuevas identidades que representen de forma más coherente los valores que se quieren transmitir en el futuro, pero creo que en cierta forma, es un proceso del cual estamos siendo conscientes en nuestros tiempos gracias también a otras disciplinas como la filosofía, psicología y sociología.

Creo que anteriormente, la memoria histórica tuvo un papel protagonista, ya que abrió el camino para generar un nuevo paradigma, pero el camino a seguir es continuar en búsqueda de aquellas identidades individuales y colectivas que fomenten unos valores éticos más justos, como apuntaban las autoras citadas, de la mano de una lectura transversal e interdisciplinar de la historia, teniendo siempre presente, como expone Felipe Pigna en su conferencia de TEDXTandil, que:

«La historia sirve para continuar lo que está bien y desandar lo que está mal, en nosotros, en nuestros muertos, para que nadie quede atrás. La historia sirve para interpretar el presente y mejorarlo. Como muy pocas disciplinas, nos recuerda nuestros principios.»

Bibliografía

  • Arias, L. (2016) Malestar en la civilización. Deseo de Memoria; Revista Virtualia. Nº 32, pág. 1 a 5.
  • Mudrovcic, I. (2005). Historia, narración y memoria. Debates actuales en la filosofía de la historia. Madrid: Akal.
  • Claret Miranda, J.; López Esteve, M.; Fuster Sobrepere, J. (2018). Introducción a la historia de la cultura contemporánea. Módulo 1. Universitat Oberta de Catalunya.

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